Tiempos de Pesadilla
Nunca elegí ocuparme del tema del antisemitismo. No que lo ignore; es imposible. Siempre existió. Mi elección tiene que ver con identidad. Si bien no puedo negar que el antisemitismo la genera, soy muy crítico de esa fuente. Me parece muy frágil una identidad construida en el espejo que nos devuelve el otro. Cuando nos miramos en ese espejo, en realidad no nos estamos viendo. ¿Qué vemos cuando nos vemos a través del ojo antisemita? Para empezar, nos vemos distorsionados; yendo al extremo, nos vemos transformados. No somos eso, sabemos. Y sin embargo…
Por eso nunca lidié con el tema. El antisemitismo existe en mayor o menor medida en las sociedades, lo mismo que el racismo, la xenofobia, y tantas otras fobias inherentes al ser humano: el miedo y por lo tanto el rechazo del ‘otro’, el distinto. Los antisemitas existen. Son influyentes, porque apelar a los bajos instintos no es difícil; se ganan elecciones de esa manera.
Intentar explicarle a un antisemita que no somos lo que él cree es como explicarle a un religioso que Dios no existe. No es racional, es un tema subjetivo. En el caso de las religiones, es la fe; en el antisemitismo, es un odio ancestral.
Siempre he preferido ocuparme de lo judío hacia adentro. La ‘interna judía’. Sus raíces comunes, su diversidad desafiante, sus conflictos en tiempos de paz y su unidad en tiempos de guerra. Aunque si la guerra se extiende demasiado tiempo, como lo que viene sucediendo ya casi dos años, la unidad se resquebraja. Cómo cada judío asume su rol frente a conflictos globales, traumáticos, y terribles no es sinónimo de diversidad sino de quiebre.
Debo admitir que el antisemitismo me ha ganado. Acá en el ‘paisito’, como los uruguayos denominamos cariñosamente al Uruguay, estamos ante una avalancha antisemita.
La anterior, que llegó a su cenit en 2014, desembocó en tragedia en marzo de 2016. Mi temor no es infundado. Como ‘el arma de Chejov’, alguien querrá usarla en el correr de la trama.
Buena parte de la opinión pública obsesiona con Gaza, Israel, y el conflicto por todos conocidos. La presión hacia el gobierno uruguayo desde la interna de su partido, el Frente Amplio, no sólo es inequívoca sino que acaba de tener éxito: Uruguay suspendió un acuerdo de cooperación con la Universidad Hebrea de Jerusalém, símbolo del desarrollo intelectual de Israel. Como señal política, tal como lo definió el Presidente Orsi, un desacierto.
El periódico ‘La Diaria’ publica ayer un video de una uruguaya judía ‘de izquierda’, activista por ‘la paz’, reclamando el fin a esta situación; con la salvedad que primero nombra Gaza y en segundo lugar a los rehenes. Hoy el mismo periódico publica un artículo sobre tres músicos populares uruguayos no judíos que se auto-convocan para ‘visibilizar’ la causa palestina. La semana pasado publicó una nota sobre ’78 activistas judíos’ que pedían al gobierno cortar relaciones diplomáticas con Israel. Algunos programas centrales de la TV uruguaya pusieron los temas sobre la mesa. En otras palabras: el antisemitismo es entretenimiento. El antisemitismo vende.
Como frutilla de la torta, fue convocado, en un programa radial, un notorio camarógrafo y periodista uruguayo radicado en Jerusalém (Oeste) notorio por su furibunda crítica a las políticas de Israel en Judea y Samaria. Como para echar nafta sobre el fueguito ahora apelan a los judíos ‘de izquierda’, ‘humanistas’, como si sólo suyo fuera el patrimonio de esos sentimientos. Todo esto sucedió en la última semana. Habrá que ver que nos depara la semana próxima. Como nunca, siento un ahogo permanente por el odio que percibo desde todos los medios de los cuales me nutro: prensa, redes sociales, y la calle misma.
De modo que por un momento he puesto en pausa mi vocación auto-crítica y auto-reflexiva hacia la interna para unirme a las huestes que denuncian y luchan un día sí y otro también contra la mentira y la injuria. No quiero ni tengo por qué explicar nada; sólo quiero que nos den el beneficio de la duda. Que por un momento piensen en el monólogo de Shylock: ‘¿Si lo pinchan, no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿Si nos envenenáis no morimos? ¿Si nos hacéis daño, no nos vengaremos?’.
#Oct7 y la guerra en Gaza han tenido funestas consecuencias, en especial y en primer lugar para los israelíes. Por derrame inmediato, nos ha afectado a todos los judíos del mundo. Internamente, nos enfrenta en relación a nuestro propio juicio sobre Israel, su gobierno, su oposición, y sus grupos demográficos de presión. Hacia el exterior, nos expone con las heridas abiertas a la carroña antisemita.
Son tiempos de pesadilla.