Israel surrealista

En el ámbito familiar tenemos varias frases ‘codificadas’ (cuyo contexto sólo nosotros entendemos y que usadas fuera de ese contexto pueden ser políticamente incorrectas). Entre ellas está ‘este país es surrealista’ (‘este’ es Israel, claro). Según la RAE, ‘surrealista’ es ‘irracional o absurdo’. Si bien lo irracional aplica en muchos casos, lo absurdo llama mucho más la atención. En todo caso, ambas aplican y apuntan a la singular naturaleza de la vida cotidiana en Israel.

Empecemos por mi punto de vista personal y subjetivo; mi relato en primera persona. Sin más datos, sólo lo que yo sé. Empiezo mi día temprano con una limpiadora en el apartamento que ocupo (estaba avisado, por supuesto); para los obsesionados con el ‘apartheid’ en Israel, es una buen señora árabe de alguna ciudad vecina que gana sus buenos shekalim en casas israelíes judías. Es inequívocamente árabe, amable, silenciosa, y de una generación cuyo hebreo no es muy fluido. Nos saludamos, y tal como estaba previsto, queda sola en lo suyo. Me voy a desayunar con mi gran amigo de la infancia en un establecimiento clásico de la zona, sobre la ruta 4. Es jol hamoed Sucot, por lo cual nada está muy lleno, todo un cambio en relación al frenesí israelí habitual. Pasamos dos horas charlando de la vida, de amigos, de hijos, y de esta etapa de la vida. Quedamos que iré a su casa. De allí voy al gimnasio al que me inscribí por estas semanas. Escucho un podcast sobre el 3er aniversario del 7 de octubre mientras hago mi modesta rutina. Vuelvo al apartamento; el olor a limpio permea en el aire; abro ventanas, ajusto persianas y toldos, me dispongo a relajarme un rato en el sillón y la TV…

El surrealismo esta mañana tomó la forma de un avión de FlyDubai a Tel-Aviv, lleno de israelíes, cuyo periplo y final feliz a esta altura (cuando esto llegue a mis lectores) todos conocen. La TV, en sus cinco canales, excluye cualquier otro asunto. Todo es estupor, los corresponsales buscan la angustia de los familiares para subir sus ratings (aunque todos terminan compartiendo todo), y empiezan a aparecer todos los expertos en aviación, seguridad, y analistas políticos: algunos explican, otros ponen en contexto el hecho, pero nadie especula demasiado. Lo surrealista, desde mi punto de vista, es cómo pasé de lo doméstico, el café de reencuentro, y mi modesta rutina de actividad física a un secuestro no sólo fallido sino heroico. Han pasado cincuenta años desde Entebbe. Un mes más tarde, aquel año, hice aliá. La modalidad del secuestro volvió, pero el país es otro. No había muchos lugares, en aquellos años, para un café y una conversación distendida; hoy hay para elegir. Todo cambió, pero las amenazas siguen ahí. Es surrealista.

Televisión mediante, algún posteo que voy siguiendo, y el intercambio con mi hogar en Montevideo me llevan a dejar atrás mi experiencia personal. Es una transición bastante rápida y natural.

Me doy cuenta que en realidad, siempre es así: un judío abandona muy rápido su ‘yo’ para convertirse en ‘nosotros’.

Antes se usaba la metáfora del águila; hoy tenemos los drones. Hagamos un zoom hacia la altura, miremos el asunto en toda su complejidad, por más acotada que esté por nuestras capacidades. Lo que está claro, sea lo que sea que haya sido, es que el hecho es grave, muchos israelíes tienen miedo, y #Oct7 no sólo cumple tres años; rige la realidad israelí. Aquel fatídico día fue tristemente surrealista durante unas horas; hoy determina la realidad. Si alguien quisiera dejarlo atrás, siempre habrá algún omaní que nos lo recuerde. Como hoy.

La realidad es más cierta que cualquier retórica político-electoral en tiempo de elecciones.

Ayer el PM Netanyahu salió a hablar de una inminente amenaza al país. Lo hizo con un F16 de fondo. Fue tal el impacto que sobre medianoche se reunió con el actual líder de la Oposición, Yair Lapid; nadie toma a la ligera declaraciones así, aunque sea en campaña electoral. Lo surrealista es que esta mañana hubo algún centenar de israelíes a metros de estrellarse en un avión al estilo 9-11 y que en realidad nadie sabe todavía cuál era su destino final.

Lapid afirma que este tipo de amenaza no estuvo en la conversación con Netanyahu, y uno asume que si Netanyahu lo sospechaba se hubiera evitado (bueno, eso pensamos todos sobre Oct7 pero todavía seguimos sin saber quién sabía o no sabía qué, especialmente Netanyahu). Personalmente, creo que el hecho no es fortuito pero tampoco Netanyahu hizo su advertencia, tan pública y pomposa, con otro fin que no fuera político. Está en su naturaleza.

El atentado de hoy fue un boomerang evitado por el heroísmo israelí. El mismo de octubre hace tres años.

Desde casa en Montevideo me comparten un titular de Times of Israel hoy en relación al cuarto ataque vandálico a la sinagoga reformista de Jerusalém Kol Haneshamá, a la que solemos asistir. La denuncia y acusación al intendente de Jerusalém viene de parte del presidente del movimiento reformista en los EEUU. No sólo que una noticia así no es ‘noticia’ en Israel excepto para la minoría anglosajona de la German Colony, Baka, o Talbyeh en Jerusalém; mucho menos lo es en un día como hoy cuando Israel fue atacado de esta forma por lo menos novedosa (Dubai es el nuevo hub para los israelíes hacia gran cantidad de destinos, como antes lo fue Turquía).

Otra vez, país surrealista: mientras los judíos nos acusamos, desacreditamos, e incluso nos atacamos mutuamente, el enemigo acecha y no diferencia un judío de otro judío.

Cuando voy poniendo fin a estas líneas va cayendo la tarde. Ahora iré a ver a la razón de mi viaje. Volveré a ese punto de vista personal e intransferible, todavía más íntimo y hondo que mi mañana. Mientras tanto otros ‘rehenes’ (nunca fueron tales pero la asociación es inevitable) están en vuelo a Tel-Aviv. A mi regreso los noticieros seguirán informando y llenando sus horas de publicidad; noticias no faltan, y son noticias de verdad, hechos que determinan tanto la vida de las personas como la historia de los pueblos. Me pregunto si canal 11 suspenderá el documental sobre el escritor Meir Shalev que me disponía a ver en su ciclo de ‘Patriarcas y Matriarcas de la Cultura Israelí’ (anoche fue Naomí Shemer)…

Es que es así: un país en guerra permanente desde su fundación, lleno de heroísmo y trauma, celebra su cultura, votará en un mes, y sigue disfrutando su vida.

Si no fuera verdad, sería surrealista.