Derecho Internacional Utópico
Lic. David Telias, especial para TuMeser, 18 de marzo de 2026
La operación “Furia Épica” que el pasado 28 de febrero iniciaron Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán ha desatado en estos días una cantidad de polémicas diferentes.
Una de ellas es si existe o no violación del derecho internacional. Y es quizás esta la discusión más baladí que se pueda hacer en estos momentos, frente a problemas como la crisis energética que se avecina, o sin duda los cambios trascendentales para la geopolítica mundial que se están operando en Medio Oriente, desde los acuerdos de Abraham de 2020 en adelante, y principalmente lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 y sus consecuencias. Una de las cuales es sin duda el actual enfrentamiento.
Es baladí porque el derecho internacional no es más que una utopía. Una de las tantas que se construyeron en la Modernidad y que, como la mayoría de ellas, han sido un fracaso absoluto.
Si historiamos un poco, la idea del derecho internacional nace fácticamente en el Congreso de Viena de 1814/15. Cuando las potencias europeas derrotaron a Napoleón y buscaron algún tipo de sistema que les garantice que no pudiese surgir un nuevo Napoleón en Europa. A ese sistema se le ha denominado “equilibrio de poder”. Se trata de que ningún país pueda ser los suficientemente fuerte como para poder enfrentar a todos los otros unidos.
La primera gran ruptura de este sistema ocurrió cuando gracias a su enorme imperio colonial Gran Bretaña adquirió un poder inmenso y fue desafiada por la recientemente unificada Alemania, desembocando en la Gran Guerra o 1ª Guerra Mundial.
Los acuerdos de paz de París y el Tratado de Versalles fueron realizados casi con idéntica filosofía que la paz de Viena de un siglo antes. Y en esa intención de buscar el equilibrio internacional, se creó la institución más desequilibrada del mundo: la Liga o Sociedad de Naciones, destinada a fracasar desde su mismo nacimiento, dado que solo Gran Bretaña participó de la misma, en el concierto de las potencias de la época. Por eso la 2ª Guerra Mundial era inevitable – Churchill lo tuvo clarísimo siempre – ya que el mundo – aún europeo céntrico – debía ir necesariamente hacia el equilibrio de poder, y el potencial desarrollo alemán amenazaba el equilibrio europeo.
El destino de la Organización de las Naciones Unidas creada para sostener la paz y promover el desarrollo de los pueblos y el derecho internacional hubiese sido el mismo que el de su antecesora si no hubiese sido por la Guerra Fría.
La 2ª Guerra Mundial reacomodó el mundo. Relegó a Europa al lugar de testigo privilegiado del devenir histórico internacional y puso los centros de poder en dos grandes nuevas potencias que se repartieron el mundo a su manera, ya no con el imperio colonial que utilizó Gran Bretaña los 100 años anteriores, sino a través de la influencia político ideológica y, principalmente económica, junto a la amenaza de la destrucción mutua asegurada.
Pero la ONU tuvo logros mucho mayores que su antecesora, principalmente en el campo de la integración de los países al sistema – nadie quería ni le convenía quedar afuera – y en el desarrollo de todo un aparato sofisticado de leyes, tratados y acuerdos internacionales, más o menos efectivos, que funcionaron en tanto y en cuanto no afectasen el sistema de equilibrio generado por las dos grandes potencias.
Es decir, todo era simbólico. Servía para justificar algunas acciones, y si no servía, mientras las acciones estuviesen amparadas en el poder y los intereses de alguna de las potencias, se hacía igual.
La ONU y el derecho internacional funcionaron mientras a los Estados Unidos y a la Unión Soviética les fuera conveniente que funcionen. De lo contrario, no existían.
Veamos cómo funcionó en Medio Oriente, ya que es allí desde donde hoy esto más se debate.
Todos los países hoy involucrados en esta guerra existen gracias al proceso de descolonización impulsado por Estados Unidos y la Unión Soviética luego de la 2ª Guerra Mundial. En su visión el sistema colonial antiguo ya no tenía cabida porque la idea política y económica de ambos sistemas proponía algo distintos que no tenemos espacio para desarrollar acá y ahora. Pero todos sabemos que fue así. No se trata de menospreciar la lucha de los pueblos indígenas de Asia y África por su libertad, ni desconocer el derecho a la autodeterminación de los pueblos consagrado en la Carta Magna de las Naciones Unidas que amparaba esas luchas, pero sabemos que tanto las fronteras políticas como económicas de todos los países descolonizados de ambos continentes, e incluso sus gobiernos, no respondían a los intereses indígenas sino a los geopolíticos, ya sea de los Estados Unidos y Europa o la Unión Soviética de aquel momento. Alcanza solo con mirar el mapa político continental para darse cuenta de esto.
El caso de Israel es singular en este sentido. Porque como todos sus vecinos nació en este mismo contexto. Sin embargo no había en él al comienzo ningún interés geopolítico específico (es un territorio muy pequeño sin ninguna riqueza natural importante), sino el reconocimiento puro y duro al derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es por eso que ninguna potencia ni mucho menos la ONU, se jugaron mucho a su sobrevivencia, hasta que, casi dos décadas después de haber sobrevivido casi de milagro, el ordenamiento geopolítico internacional de sus vecinos lo transformó en una pieza clave para los intereses de Estados Unidos en la región.
El nacimiento y la sobrevivencia del Estado de Israel son el ejemplo perfecto para ver la inutilidad del sistema de Naciones Unidas y el derecho internacional.
Nació a partir de ellos. Pero ellos no pudieron nunca garantizarle su existencia. Debió sobrevivir como pudo hasta que logró la bendición de una de las potencias para realmente consolidarse.
En síntesis. El sistema de Naciones Unidas y el derecho internacional murieron a poco de nacer. Son como un dios griego que habita en el olimpo inalcanzable para el ser humano.
No porque no sean buenas ideales. Sino porque la política internacional no se construye en base a ideales sino a intereses de las potencias.
Así que discutir si la “Furia Épica” se enmarca o no en el derecho internacional es un absurdo. Si alguna vez se hubiese respetado el derecho internacional moderno, no hubiese habido guerras. Y si algo no ha faltado en estos últimos 80 años han sido guerras.
La “Furia Épica” de Trump se justifica en la necesidad imperiosa de defender a sus aliados de la hegemonía iraní en la región. Estados Unidos debe cerrar su alianza política y económica con los países del Golfo y Arabia Saudita, de modo de beneficiarse mutuamente de cara a un mundo en el que el petróleo cada vez tendrá menos incidencia en la economía global. Necesita de estos aliados también para equilibrar el creciente poder chino. Irán y sus proxis son claramente una amenaza que desestabiliza la región.
Para Israel, el “Rugido del León” (así le llamaron a esta operación), se justifica en la amenaza existencial que representa un Irán con más de 8000 misiles balísticos de media tonelada o más de explosivos, en manos de un régimen que en su constitución tiene escrito que su propósito es la eliminación del Estado sionista.
La Constitución de la República Islámica de Irán es de por sí una clara violación al derecho internacional. Pero como insisto en que eso en la geopolítica real no importa, la justificación de Israel en esto está en su necesidad existencial de defenderse, debilitando la capacidad bélica de Irán al máximo posible, y evitando la continua transferencia de fondos (se habla de más de mil millones de dólares al año) a los proxis iraníes que Israel tiene en sus fronteras.
Para Estados Unidos esta guerra es necesaria en su carrera por la hegemonía mundial.
Para Israel es existencial. Y por lo tanto es válida.