Analizando Encuestas (I)
de un posteo del 15 de febrero de 2026 @X de Amit Segal, traducido y editado por el editor
Han pasado cuatro meses desde el regreso de los rehenes y la declaración del fin de la guerra en Gaza. Desde entonces se han publicado ochenta y seis encuestas. Todas menos una muestran que el “bloque del cambio” no cuenta con sesenta y un escaños, la mayoría necesaria para formar un gobierno estable sin necesitar la rotación con Netanyahu y sin depender de los favores del presidente del partido árabe Ra’am, Mansour Abbas.
Hay tantos líderes de partido como respuestas a la pregunta: “¿Cómo formarán una coalición?”. Benny Gantz, propone una unidad con el Likud; el presidente de ‘Los Demócratas’, Yair Golan, propone recrear el gobierno de Bennett de 2021, uniéndose con el partido islamista Ra’am. Ya es conocido el “plan 58” de Gadi Eisenkot; Avigdor Liberman repite como un mantra el número “63”, esperando que de alguna manera el bloque opositor llegue a esa cifra.
¿Y Naftali Bennett? Aquí la respuesta se divide en dos. Una parte sugiere que el Sionismo Religioso podría unirse a un gobierno así, haciendo innecesario a Abbas. El único problema es que lo mismo se dijo tras las elecciones de 2021, y Bezalel Smotrich, lamentablemente, no se sumó. La segunda opción es una especie de gobierno de unidad paritario. Bennett ha dicho que no tiene mandato para sentarse con los partidos árabes, pero nunca asumió un compromiso similar respecto al Likud. Eso representa un cambio sustancial: al igual que Gantz, implica un gobierno con Netanyahu. No como una quinta rueda, sino como en una clase de conducción: dos volantes en un mismo coche.
La prueba más clara de que el bloque del cambio ha internalizado la nueva realidad electoral es la avalancha de iniciativas con grandes presupuestos en el sector árabe: un “día de paralización” (uno realmente se pregunta de dónde surgió la idea de bloquear la autopista para forzar un cambio) y campañas masivas de movilización de votantes que ya se están organizando para las elecciones.
Si el objetivo es alcanzar sesenta y un votos sionistas, una participación masiva del electorado árabe es una catástrofe. Si el objetivo es impedir que Netanyahu alcance sesenta y uno, fomentar la participación en el sector árabe es imprescindible.
La reconstitución de la Lista Conjunta no fue iniciativa de Bennett, sino todo lo contrario. Pero se asume que este tren ya partió y no tiene sentido intentar detenerlo.
La próxima prueba, sin embargo, está por llegar: ¿qué harán Netanyahu y sus opositores cuando se presente una propuesta para descalificar al partido árabe Balad de competir para ser parte de la Kneset? Se trata de un partido con un amplio historial de apoyo al terrorismo o de colaboración con él por parte de sus dirigentes. Descalificarlo podría reducir la disposición del electorado árabe a votar. En las últimas elecciones, ni el Likud ni Yesh Atid adoptaron una postura clara: Netanyahu quería que Balad desperdiciara votos; Lapid temía enfadar a los votantes árabes. El destino de esta facción radical dependerá ahora de los resultados de las encuestas hacia finales del verano.