De Vuelta
Hubiera titulado este editorial ‘Habaita’ (a casa) si no fuera que es el leitmotiv de los rehenes.
Así como no se bendice en vano, creo que hay expresiones que quedarán acuñadas solamente para una situación. Entre la canción y el eslogan, ‘Habaita’ siempre será el cierre, si tal cosa existe, de #Oct7.
Habíamos estado aquí en julio de 2023. El país atravesado por un enfrentamiento civil de proporciones históricas y milenarias. Volvimos en noviembre de 2024, el país en guerra atravesado por misiles. Estaba planificado venir en junio 2025, pero la guerra ‘de los 12 días’ se nos atravesó.
Han pasado dos años de #Oct7 y he vuelto. Me traen los afectos. Tengo que mirar al país a los ojos: en la gente en la calle, en los semáforos, en la TV. Me refugio en los afectos pero la realidad me demanda. Como en junio 2023, siento que camino sobre una realidad forzada y frágil.
Como si el trauma de #Oct7 y sus consecuencias no fuera suficiente, ahora Israel se encamina al ‘día después’: ley de conscripción para los ultra-ortodoxos, elecciones, Gaza, Judea y Samaria…
La TV nos muestra múltiples realidades: una encuesta de Canal 12 que pone a Netanyahu al frente; las manifestaciones de ultra-ortodoxos en Jerusalém; el abuso de un detenido palestino que se filtra; una entrevista en horario central a Maxim Herkin, rehén de Hamas; y sátira política con final optimista con Alon Ohel, rehén de Hamas, al piano.
Sigo mis derroteros habituales. Siento un pulso social atemperado. ‘La vida sigue’, pero es otra vida. El israelí no se resigna a no ser feliz, pero la realidad interna y externa no lo hace sencillo. El himno nacional seguirá siendo ‘Hatikva’ (la esperanza), pero me atrevo a decir que su latido está debilitado.
Por supuesto, hablo por mí. No vine al Congreso Sionista ni hago voluntariado ni turismo de trauma. Vengo por mis afectos y recorro y trato de sentir este otro hogar que no habito pero amo profundamente. Aquí yace mi identidad, mi relato. Yo miro a través de mis ojos y admito que hay otras perspectivas. Ojalá mi visión no prevalezca.
Puedo hacer conjeturas como casi cualquiera. Las charlas de café sobre el futuro de Israel y el pueblo judío son casi una falta de respeto frente a la complejidad de la situación, la infinidad de variables que están en juego, de Washington a Estambul, de las Ieshivot a las manifestaciones. Cuesta decirlo, pero ya no hay ‘klal Israel’; hemos vuelto a ser ‘las tribus’ que nos dieron origen.
¿Volveremos a la etapa de los ‘Jueces’ o a la etapa de los ‘Reyes’? ‘Bibi Melej Israel’, aun cuando forme nuevo gobierno, es un modelo agotado que sólo postergará la división. Como dice mi esposa Karin Neuhauser, probablemente la dinámica de Medio Oriente ganó al modelo europeo liberal de los padres fundadores. Habrá que aprender a vivir bajo ese modelo.
Israel vino para quedarse. Los palestinos también, a pesar de Ben-Gvir & Cía. Los ‘haredim’ también. Los judíos liberales, también. En este insignificante pedazo de tierra en el rincón más remoto del Mediterráneo deberemos acomodarnos todos. Porque el mundo también se ha vuelto hostil para los judíos. Ecuaciones con variables imprevistas. Paradojas existenciales.
Tal vez en dos semanas, cuando vuelva al hogar que habito y a los afectos con quienes convivo, pueda agregar algo más. Tal vez más optimismo. Sigo creyendo en el Sionismo como única opción, pero el Judaísmo es demasiado diverso: el Sionismo debe actualizarse. Ha probado su viabilidad, su poder, su resiliencia, su potencia económica. Es tiempo de volver a sus valores.