El Silencio Tan Temido

El lunes pasado (21-7-2025) un titular y una foto de la publicación uruguaya de izquierda ‘La Diaria’ disparó, finalmente, mis alarmas internas respecto al antisemitismo y la guerra de la (des)información. Decía así: ‘Casi 100 personas fueron asesinadas mientras intentaban conseguir comida, en uno de los días más sangrientos en los últimos meses en Gaza’. El titular estaba acompañado de una de las acostumbradas imágenes que ofrecen diversas cadenas internacionales de noticias sobre la situación en la Franja de Gaza a casi veintidós meses de #Oct7.

Lo que llamó mi atención fue el uso del verbo ‘asesinar’. Por premeditado que sea el titular, y no tengo duda que ‘La Diaria’ titula con alevosa premeditación respecto a este tema, ‘asesinato’ no es un verbo muy común cuando se habla de una guerra. En la guerra la gente muere: sean uniformados o civiles, sean objetivo o daño colateral. Se ‘asesina’ en un contexto civil.

Lo primero que hice fue a chequear mis fuentes habituales: Haaretz y Times of Israel. Los titulares del primero confirman la teoría de un amigo, periodista uruguayo, que sostiene que el órgano de prensa de la izquierda israelí es una de las principales fuentes de la opinión pública antisemita. No sé de dónde levantó ‘La Diaria’ los datos para armar la nota, que por otro lado no era mucho más que su titular, o sea, diseñada para agitar las aguas de la ya tormentosa opinión pública de la izquierda uruguaya; pero bien pudo ser Haaretz. O AFP, de dónde sí obtuvo la foto en cuestión.

De allí pasé a Times of Israel. El episodio figuraba allí entre cuatro titulares en 2ª línea. Si uno se aventura al artículo (Times of Israel es de libre acceso), se encuentra con un extenso, ponderado, y balanceado informe de lo sucedido: versiones, fuentes, y alguna especulación bien fundada. El artículo evita los juicios de valor. Como ejercicio de prensa independiente, me pareció un esfuerzo encomiable y me convenció, una vez más, de lo compleja de la situación y lo incendiario que es mezclar hechos con posturas y sesgos personales o editoriales.

Vale aclarar que pago religiosamente mi suscripción anual para acceder a Haaretz. Como me dijo un amigo israelí una vez, hay que leer lo que dicen ‘los otros’, por duro que sea. Cierto. A mí me motiva más el análisis de alguno de sus periodistas que los editoriales de otros. Así que soy suscriptor con derecho de inventario: elijo qué leer y sobre todo qué adoptar como propio.

Por último, ayer escucho el podcast ‘Identity Crisis’ del Instituto Shalom Hartman cuyo anfitrión es su presidente, Yehuda Kurtzer, en una conversación con el editor y CEO de Times of Israel, David Horovitz. En su introducción Kurtzer dice: ‘Las noticias en sí son, en el mejor de los casos, un acto interpretativo, en buena fe, de hechos que suceden en el mundo y que precisan palabras para ser inteligibles.’ Luego se extienden por casi una hora sobre el desafío que supone informar adecuadamente en medio de ‘la neblina de la guerra’.

Esta semana está siendo copada por las noticias en torno a la situación en Gaza pero específicamente en los temas de abastecimiento, hambruna, ‘genocidio’, y un cese al fuego que no termina de acordarse. Salvo los medios israelíes, nadie cubre las bajas diarias de soldados caídos en acciones militares. Salvo los medios judíos que defendemos a Israel en su guerra justa contra Hamas (hay que reconocer que es difícil librar una guerra justa con justicia), ningún medio dedica demasiado al tema druso, la situación en Siria (se terminó la luna de miel con Al-Julani), y mucho menos, nadie, salvo la prensa israelí, cubre el drama de los cincuenta rehenes y sus familias. El silencio respecto a una de las partes del conflicto (Israel) es tan atronador como la cobertura de la otra parte.

Como quien grita en el desierto, o como el árbol que cae en medio del bosque sin testigos, nadie nos escucha. Nos empeñamos en defender causas que a nadie le importan, como los drusos; en explicar cómo accidentalmente dañamos una iglesia católica en Gaza; mientras la prensa anti-israelí recluta al académico (israelí) Omer Bartov (Brown, Harvard) para explicar por qué lo que sucede en Gaza es genocidio (lo hizo el NYTimes y CNN en pocos días), salimos desesperadamente a pelear una batalla desigual por la información.

Una batalla que está perdida desde siempre salvo contadas excepciones. Como dijo Yossi Klein-Halevi en otro podcast, ‘For Heaven’s Sake’, el 9 de julio pasado, ‘en la guerra en redes sociales quien tiene el menor número de palabras clave gana. La causa palestina tiene cuatro o cinco palabras muy evocativas (‘genocidio’, ‘hambruna’); nosotros (israelíes/judíos) tenemos relato. En X, componemos hilos. Es la única manera en que podemos contar la historia judía apropiadamente. Cuando ya empezás un hilo con “en 1947…,” estás perdiendo la batalla.

Entre la euforia de los triunfos militares, desde los ‘walkie-talkies’ al ataque a Irán hace un mes, y este silencio abrumadoramente acusador que nos invade en nuestras tiendas, no visualizo otra opción que aquella por la cual abogo desde hace más de dos años: mirar hacia nuestro interior. Que no es lo mismo que mirarnos el ombligo, sentirnos únicos, dueños de una verdad y un destino.

Mirar hacia nuestro interior es lo que comenzaremos a hacer en un mes, en el mes hebreo de Elul. Introspección. Damos las batallas que merecen darse: en el campo militar, que garantiza nuestra existencia, y en el campo informativo, que no garantiza demasiado, pero no puede dejarse a merced del enemigo. El tercer frente es el propio. Qué tipo de judíos queremos ser cuando se asiente el polvo de este enfrentamiento de magnitud histórica.

Me rindo ante los hechos. No puedo ignorar lo que porfiadamente he intentado ignorar todo este tiempo: el antisemitismo, el libelo de sangre, el prejuicio, la alevosía de ciertos discursos, la imparcialidad con que la opinión pública elije abrazar ciertas causas (la palestina en desmedro de la israelí, claramente) e ignorar otras (la de los ucranianos, la de los drusos). Ignorarlo es una necedad, la misma que critico y censuro en quienes obstinadamente acusan a mi pueblo.

Pero tampoco puedo renunciar a mis ideales. Los que abrazo como judío. Por sobre toda otra consideración, y asumiendo que tenemos las condiciones para controlar nuestra realidad, aspirar a ideales éticos y morales que, si bien cuesta mantener vigentes en las actuales circunstancias, son nuestra razón de ser como nación. Si desde Jerusalém no llegan los signos y señales que más me gustaría recibir, mientras tanto el empeño es seguir porfiando desde el llano.

Aunque cada tanto uno se indigne por ciertos titulares y la milenaria obsesión antisemita de la Humanidad.

de mi columna semanal en Radio Jai Argentina el miércoles 23 de julio pasado