Qué elegimos escuchar
La explosión de las comunicaciones y las redes sociales han expuesto la ingeniería retórica del relato. Lo que en una época se estudiaba respecto a la literatura canónica hoy podemos aplicarlo en todo el espectro de producción comunicacional: escrita, audiovisual, o la combinación de ambas. Los mismos sucesos son presentados de diferente forma tanto en lo estructural como en su contenido; su veracidad queda enterrada bajo el aluvión de relatos hasta casi el punto de la irrelevancia.
Yuval Noah Harari en su libro ‘Nexus’ elabora en forma extensa sobre la diferencia entre ‘la verdad’ y la información. En su primer libro, ‘Sapiens’, introducía la idea de que el hombre es la única criatura capaz de ‘hablar sobre aquello que no existe’; ese constituye su gran poder. Con la revolución tecnológica, puede ser su telón de Aquiles.
Las diferentes coberturas de los acontecimientos de los últimos casi dos años en Oriente Medio son un ejemplo muy claro y reciente (de hecho, no para de suceder) de esta ingeniería retórica que no busca una ‘verdad’ sino que ‘opera’ en aras de algún interés o alguna ideología. El mundo se ha llenado de ideologías en detrimento del viejo y efectivo pragmatismo de los tiempos de escases.
Este comentario editorial viene al caso por la cobertura que está haciendo TN Noticias de Argentina por medio de su periodista estrella Nelson Castro en Israel a partir del ataque a Irán el pasado viernes 13 de junio. Tras un periplo bíblico, casi como un patriarca, Castro entró en Israel y con su equipo se instaló en Tel-Aviv. Para quien esto escribe, resulta una variable estimulante escuchar un lenguaje realista y empático.
Sin embargo, surgieron en mi mundo ‘X’ voces (que por otro lado valoro y respeto mucho) aireadas con algunos de los ‘insights’ que Castro aporta cuando, más allá de la noticia y su inmediatez, es invitado desde estudios a darnos su impresión sobre la sociedad israelí. Castro habla de una relativa normalidad a nivel de calle pero hace hincapié en sentimientos que afloran a nivel de los refugios: temor, sensibilidad extrema, trauma. O sea, la crudeza de vivir bajo misiles balísticos.
Puedo entender que en redes como X uno quiera trasmitir sus valores, creencias, esperanzas, incluso optimismo, del mismo modo que algunos elegimos mostrar aspectos más controvertidos, hacer denuncias, o compartir reflexiones que sensibilicen a alguien. Dentro de ciertas reglas, la red social es libre. Así como abunda el odio hacia Israel abundan el nacionalismo y el culto a la personalidad exacerbados. La brillante campaña militar de las FDI en los últimos veintiún meses no admite discusión; lo que puede discutirse es que postura elegimos tomar.
Si nos molesta que Nelson Castro reporte cierto temor en sus compañeros de turno en el refugio no estamos aquilatando la situación debidamente. Vivir en Israel es una elección y un mérito pero no descalifica la opinión de terceros como un periodista o un simple judío como uno, estrechamente vinculado con muchos israelíes. Nada de lo que Castro informó es mentira; lo sé de buenas fuentes. Claro, tal vez no se publica en redes. En lo personal, celebro no sólo la empatía de Castro al informar sino el mero hecho de que hable de nosotros. De mis otras opciones en el cable, ninguna se interesa por el israelí de a pie. Por el contrario, su interés es el palestino.
Como ejemplo alcanza ver un informe de la muy británica y sobria BBC. Cuando puntualmente emiten sus titulares, el mismo parece aséptico, neutral, ‘objetivo’. Apenas se desarrolla la noticia, desparece toda pretensión. La BBC aborrece profundamente a Israel. Sus informes ‘desde Tel-Aviv’ son un largo monólogo lleno de lugares comunes y especulaciones en el marco de un magnífico paisaje urbano, como si allí en el fondo, entre esos edificios y esas calles no sucedieran dramas. Jamás una nota en el Israel profundo, ni siquiera en el Israel turístico; nada. Cuando la noticia obliga, imágenes fugaces de algún territorio atacado, Netanyahu con su paso perverso (léase ironía), o imágenes más dignas de ‘Shtisel’ o ‘Fauda’ que de una cadena supuestamente prestigiosa como BBC.
Por el contario siempre, en forma infalible, el informe incluirá escenas en Gaza (aportadas por medios árabes o el propio Hamas), en especial en hospitales (evidentemente el rating ahí escala), y en especial con madres y niños heridos, amputados, o muertos. Sean reales o puestas en escena (no tengo forma de saberlo y a estos efectos no cambia), no es tanto lo que muestran y lo que cuentan, sino cómo y cuándo, en qué orden del relato ubican cada material. Muchos de los guionistas de los noticieros de BBC podrían emular a su gran Charles Dickens o la propia Jane Austen. Pero claro: carecen de su sensibilidad. Más bien parecen Ian Fleming creando personajes con licencia para matar y buenos y malos inconfundibles.
Por eso, y vuelvo al principio, la presencia de TN Noticias en Israel con un reportero como Nelson Castro ahora o Carolina Amoroso en otras oportunidades, son una bocanada de aire fresco. Se permiten empatía, tratan de ser fidedignos sin perder su humanismo, informan en la forma más objetiva posible pero desde una subjetividad honesta hacia el espectador, y tratan de trasmitir la dimensión de los sucesos que están cubriendo. Ni el propio Anderson Cooper de CNN alcanza ese nivel de profesionalismo y compasión.
En ese contexto, y porque sé que el orden de los factores SÍ altera el producto, celebro y aliento coberturas como la de TN que seguramente no es la única de este tipo, pero es a la que yo tengo acceso. Si muestran a mi pueblo un poco menos heroico pero mucho más humano en sus ansiedades y desvelos, creo que nos hacen un gran favor. No precisamos que nadie nos recuerde nuestra resiliencia (¡tenía que usar esa palabra!), pero es bueno que nos recuerden, como dijera Shylock, que cuando nos hieren también sangramos.