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Entrevista a Amos Oz

Sal Emergui, El Mundo, 18 de setiembre de 2017

Cuando Amos Oz escribe un libro nuevo, suele negarse a revelar su contenido y dar entrevistas. «No es sano para el bebé», dice. Por eso, la publicación en español de ocho deliciosos relatos de los años 60, Tierra de chacales (Ediciones Siruela), es la única herramienta para convencerle. «No le robaré mucho tiempo», le ruego sabiendo -él también- que es una mentirijilla para derribar su resistencia. Al cabo de unos días, Oz responde: «Soy todo tuyo».

Con una intensa obra literaria, Amos Oz (Jerusalén, 1939) es uno de los intelectuales más importantes en la historia de Israel. Un referente cultural. Y sí, también el mentor del movimiento israelí Paz Ahora contra las colonias y a favor de una solución del conflicto con los palestinos basada en dos Estados.

En hebreo, la palabra Oz significa «coraje». Mucho de esto se necesita para ondear su bandera hoy ante la ola de ataques, denuncias e injusticias que alimenta el interminable círculo del conflicto. Oz convirtió el coraje en algo más que su apellido (en lugar de Klausner) dos años después del suicidio de su madre. Ese inquieto chaval que disfrutaba dando sus primeras ganancias como escritor al tesorero de su kibutz [comunidad agraria israelí] es hoy un señor de 78 años que, con más arrugas y premios, aún sigue soñando. Con los pies en la tierra porque, aunque hace mucho que él abandonó el campo, éste nunca le abandonó a él.

‘Tierra de chacales’ recoge historias en las primeras dos décadas de Israel con el kibutz como centro vital. ¿Ese país ya no existe o ya no se habla de él?

No creo que sean historias sobre Israel o el kibutz, sino sobre la naturaleza humana. Básicamente sobre personas con ideales que quieren arreglar el mundo. No siempre saben que tienen instintos ni entienden que fuera hay todo tipo de chacales. Estos relatos no tenían como objetivo hacer un documental sobre Israel y el kibutz.

 La esencia del ser humano no varía… Más poder, más fuerza…

En la naturaleza humana no ha habido ningún cambio en los últimos 4.000 años. Los instintos, los ideales, la voluntad de cambiar el mundo, los impulsos sexuales o eróticos son características básicas del ser humano que no varían. Las personas no siempre se cuentan a ellos mismos lo que realmente quieren. Lo que dicen que quieren no es siempre lo que realmente quieren. Incluso lo que piensan que quieren no siempre es lo que quieren.

 ¿Un mensaje para los que lean el libro en español?

Todo lo que puedo decirle es menos de lo que puedo contar en mis libros. Esta entrevista es como una copa de vino antes de la comida.

 La literatura contemporánea israelí parece en ocasiones como un documento histórico. ¿Está de acuerdo?

Esta pregunta debe hacerla a los lectores y no a los escritores. Nunca pretendí escribir una historia sobre Israel. Si quisiera hacerlo, iría al Archivo. Yo siempre escribo sobre personas o familias. Es posible que a través de ellas, el lector reciba una imagen de Israel. Si leo una historia de Gabriel García Márquez, aprendo cosas de Colombia que no sabría si viajaría allí como turista.

 Su amigo David Grossman me dijo que escribe para contar una historia y no un mensaje. ¿La literatura tiene objetivos? ¿Debe tenerlos?

No puedo hablar en nombre de la literatura sino de mi escritura y de lo que me gusta leer. Me gusta leer historias de familias. La necesidad de cualquier persona por contar una historia es elemental y no tiene sentido reducirlo a política o ideología. Estoy seguro de que cuando tenías dos años tú también querías que te contaran una historia antes de dormir y a los tres años ya querías que los otros escucharan lo que tenías que contar. Necesitamos contar y escuchar historias. Si me preguntas cuál es el objetivo del sueño, no sabría qué contestarte. No tiene objetivos políticos. Por las noches no sueño para hacer caer el gobierno de Benjamin Netanyahu sino porque sueño.
Disfruta más leyendo o escribiendo?
Por supuesto que leyendo. Escribir es muy difícil, como gritar de dolor en la sala de partos. Si leo algo y no me gusta, cierro el libro y cojo otro.

 Si uno sufre escribiendo, ¿es buena o mala señal?

No es señal de nada. Una persona puede sufrir mucho y escribir un pésimo libro y puede sufrir menos y completar una gran creación.

Nacido en Jerusalén el 4 de mayo de 1939 como Amos Klausner, a los 15 años ya escribía y trabajaba la tierra en el kibutz Hulda. Las vivencias en una comunidad agrícola y, posteriormente, en la periférica ciudad de Arad en el desierto del Neguev están grabadas en el ADN de este escritor que vive hoy en la moderna e individualista Tel Aviv. «El kibutz fue un gran intento de cambiar la naturaleza humana, pero es imposible porque no puede cambiarse», reconoce hoy. «Era naif pensar que si todos visten y trabajan lo mismo, saldrán personas mejores sin egoísmo, celos, etc. Era un sueño».

Hoy el kibutz es más popular que cuando era un pilar del Israel laborista recién creado y albergaba las fantasías del joven Amos mientras los chacales se intuían en la oscuridad. «Lo que salió de ese intento es que hay más kibutzim que antes. Menos ambiciosos pero más agradables para vivir. Muchos jóvenes en Israel viven allí no porque quieran cambiar el mundo sino porque buscan un gran marco familiar. El kibutz no lucha para que todos sus miembros vistan las mismas sandalias y se levanten y duerman a la misma hora. Gracias a Dios, esto se acabó. Es más tolerante que antes y entiende que no se puede hacer ingeniera de la naturaleza humana».

Le comento que en Israel hay más religiosos que hace 20 años. «Es algo que pasa en todo el mundo: que es más religioso, conservador… Pero no hay que idealizar otras épocas. Cuando nació el kibutz, estaban por ejemplo Stalin, Hitler, Mussolini y Franco», señala.

Más de una veintena de libros después, el autor israelí más traducido del mundo sigue trabajando con la misma ilusión que sus primeras hojas en Hulda. Su íntima escritura logra unir la milenaria herencia cultural e identitaria del pueblo judío con el Israel del siglo XX y XXI. Cada lector tiene su Oz particular. Algunos se quedan con Mi querido Mijael (1968), otros con Una pantera en el sótano (1995) o Entre amigos (2013) y muchos por supuesto con su autobiografía, Una historia de amor y oscuridad (2003), llevada al cine por la también jerosolimitana Natalie Portman.

Demasiadas veces su obra es arrinconada injustamente para realzar su manifiesto político. Por otro lado, no se puede entender a Amos Oz sin sus ensayos sobre el estado judío y el conflicto con los palestinos y países árabes. En el Séptimo Día de la Guerra de los Seis Días en 1967 advirtió de que la ocupación de los territorios conquistados a los ejércitos árabes tendría efectos desastrosos. No sólo para los palestinos sino también para los israelíes. Según sus seguidores, que le escuchan como si fuera el gran sacerdote laico, la premonición se está cumpliendo.

«No fue ninguna profecía sino el resultado de ver lo que pasó en la Historia», dice este ex oficial que participó en dos guerras. «No soy un profeta pero en 1967 sentí con 29 años que la ocupación corrompe tanto al ocupante como al ocupado. Si dura mucho tiempo, la corrupción será muy profunda»,

 Usted se centra en la ocupación pero la mayoría de su país prefiere hablar por ejemplo del palestino que en julio asesinó en nombre de Al Aqsa y la yihad a un israelí y sus dos hijos mientras cenaban en su casa…

No digo que los palestinos son muy buenos y los israelíes muy malos. Los palestinos luchan dos guerras al mismo tiempo. Una para lograr su libertad y es justa. La otra no lo es, porque es para que los israelíes no estemos aquí y si es necesario lucharía con un fusil para evitarlo.

 ¿Entonces?

El problema es que los israelíes también luchamos dos guerras. Una, para ser un pueblo libre en nuestra tierra, es justa. Pero no es justa la guerra para tener dos o tres habitaciones más en detrimento del vecino palestino y sus tierras. Todo esto confunde en el mundo, que quiere saber quién es el bueno y el malo. Pero en las dos partes hay un Doctor Jekyll y un Señor Hyde. Esto no es Hollywood con un sheriff y delincuentes, sino una tragedia griega. Justicia frente a justicia y muchas veces injusticia frente a injusticia.

 La mayoría de israelíes y palestinos, aunque cada vez en menor porcentaje, apoya la solución de dos estados pero cree que no la verán. ¿Y usted?

No hay otra solución porque los palestinos no se van a ir, no tienen adónde. Los judíos israelíes tampoco nos vamos a ningún lugar, no tenemos adónde. No podemos ser una gran y alegre familia porque no somos una familia. Somos dos familias muy infelices. Debemos dividir la casa en dos apartamentos más pequeños. No hay otra opción.
Pero incluso en la izquierda muchos la ven como utopía.
Si hay personas en la izquierda que no tienen paciencia, les recuerdo que la Historia tiene su propio reloj. No funciona según el reloj del diario o televisión. Quien esté cansado, por favor, que se vaya a descansar. Una generación más joven vendrá para luchar en el lado israelí y palestino por la solución de dos estados. ¿Cuándo? No lo sé. No sé si en tres o en 30 años, pero si sé que no hay otra solución.

 El reloj en manos de Abu Mazen y Netanyahu no avanza.

Estás hablando con alguien que ya no es joven y que ha visto cosas que se revocan. Si en la guerra del 67 alguien me hubiera dicho que en unos años yo viajaría a El Cairo con un visado egipcio en el pasaporte israelí y a Amán con visado jordano le diría que exagera. Quizá mis nietos y bisnietos pero yo no. Hemos visto en la Historia cosas que nadie soñó ver. Yo sólo hago profecías sobre el pasado. Netanyahu y Abu Mazen no estarán en 10 años. Habrá otros. Tampoco sabía que Beguin y Sadat firmarían una paz histórica entre Israel y Egipto. Así que pido cautela cuando se dice que lo que hay hoy es lo que habrá el próximo año.

En uno de los relatos de Tierra de chacales, Sahska sentencia: «No hay postura más noble que la de la minoría frente a la mayoría». Preguntamos a Amos Oz si a veces no es mejor tener menos nobleza y más poder. «Lo que quiero es que haya paz y no recibir honores. No quiero nada para mí. Soy una persona vieja que quiere paz para mis hijos y nietos».

Amos Oz disfruta discutiendo con personas que no piensan como él. «Dialogar con gente que piensa como yo es un poco aburrido ¿no?», comenta. Quizá por ello acostumbra a nadar a contracorriente. Como cuando abandonó el paraguas de su académico padre conservador en la intelectual Jerusalén para ser un mozo de izquierdas que labraba el campo en un kibutz.

Como cuando desafía el pensamiento cristiano con el libro Judas (2015) traducido en más de 30 idiomas. Desde un espíritu detectivesco y no tanto teológico, Oz niega la traición a Jesús. «Recibí reacciones negativas y positivas. Se abrió un debate muy serio al respecto. Siempre es bueno que se debata», comenta sobre una obra que cierra un círculo familiar un siglo después. Su tío, el historiador Joseph Klausner, reivindicó en 1921 el judaísmo de Jesús en Jesús de Nazaret.

 Sostiene que cada uno de nosotros tiene un gen de fanatismo.

El fanatismo no fue creado por Al Qaeda o ISIS. Ni tampoco por la Inquisición. Es un gen muy antiguo que quizá empieza en la familia y la necesidad de las personas de cambiar a otras para que sean como ellas. Tienes que cambiar, ser como yo y entonces estarás bien. Es la raíz del fanatismo y un poco de esto hay en casi cada ser humano.

 Del fanatismo se llega al concepto de ‘traición’…

Con gran facilidad. Muchas veces viene de personas que tienen miedo a los cambios. Alguien definido como traidor tiene valentía para cambiar o se adelanta a su tiempo. Cuando Lincoln liberó a los esclavos negros en el sur de EEUU, millones de estadounidenses le llamaron traidor. Cuando De Gaulle sacó a Francia de Argelia, millones de franceses le llamaron traidor e intentaron asesinarle. Cuando Rabin y Peres fueron a reunirse con Arafat, muchos israelíes les llamaron traidores y uno de ellos asesinó a Rabin. Cuando Sadat vino al Parlamento israelí millones de árabes le llamaron traidor y uno le asesinó.

 Usted no se ha salvado de esta etiqueta…

Me han llamado muchas veces traidor pero para mí es una muestra de excelencia. Es una medalla que me pongo en el cuello de mi camisa junto a la distinción de la Legión de Honor que me dio el presidente francés Chirac. Tiene más honor estar en el club de las personas a las que llaman traidor que en el de los que nunca fueron llamados así.

 El terrorismo yihadista sigue intensificándose en Europa ¿Es una ‘guerra de civilizaciones’?

No es una guerra de civilizaciones, sino entre fanáticos y el resto de humanidad. Es un gran error pensar que el islam inventó el fanatismo. No sólo hay fanáticos musulmanes y de ISIS. Hay cristianos fanáticos en Europa, Rusia o EEUU. Hay judíos fanáticos también en Israel. Hay fanáticos contra la globalización, hay ecologistas fanáticos… Hay fanáticos que te quemarán si enciendes un cigarro a su lado. Hay fanáticos tan vegetarianos que si comes carne, te comerán a ti.

 Ha ganado más de 40 premios, incluido el Príncipe Asturias en 2007, pero el Nobel se le resiste…

He recibido más premios de los que soñé. Estoy lleno, no tengo hambre. Agradezco lo que he recibido.