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Rabino Nathan Lopes Cardoso

Shoshana Keats Jaskoll, Blog, 15 de setiembre de 2017

El rabino Nathan Lopes Cardozo tiene antecedentes poco usuales para un rabino. Tal vez por eso su pensamiento es tan diferente del de otros rabinos y puede decir las cosas que dice. O tal vez otros rabinos piensan de manera similar, pero no tienen la confianza o la valentía que se hace tan evidente cuando Cardozo habla. Sea cual fuere la razón, su creencia en la justicia del judaísmo, la moralidad con la que debemos cargar y la capacidad que tenemos de resolver lo aparentemente insoluble, ofrece esperanzas de que el judaísmo y la ética de la que tanto nos enorgullecemos puedan funcionar en conjunto para lograr la sociedad que muchos de nosotros queremos ver.

Cardozo creció en Holanda. Su padre era un judío secular de origen judío-portugués; su madre era una cristiana que siempre se había sentido en casa en la comunidad judía, que la había acogido cuando quedó huérfana. Los padres de Cardozo se casaron unas semanas antes de que los alemanes ocuparan Holanda. Su madre escondió a su marido y a su familia en Amsterdam, salvando las vidas de 11 miembros de la familia. Nacido en 1946, fue criado en un hogar secular, pero culturalmente judío, donde las cenas del viernes por la noche eran un ritual sagrado. Su padre fue un admirador del filósofo holandés Baruj Spinoza, que fue rechazado por su comunidad judía del siglo XVII por sus escritos y ataques a los principios básicos del judaísmo.

Irónicamente, fueron los estudios de Cardozo en torno al vilipendiado filósofo los que lo acercaron al judaísmo. Sentía curiosidad por saber más acerca de esos judíos a los que Spinoza atacaba continuamente. Leyendo todo lo que podía, en los múltiples idiomas que conocía, quedó fascinado por el judaísmo, y a los 16 años se había convertido. Sus padres lo apoyaron, con su madre incluso haciendo que la cocina fuera kasher para que él pudiera comer en casa. Finalmente, ella también se convirtió. Cardozo se fue a estudiar en la ieshivá Gateshead de Inglaterra, la ieshivá más grande de Europa y, a pesar de sentirse un poco fuera de lugar, se quedó allí durante ocho años por su amor al aprendizaje. Fue ordenado rabino y luego estudió en la ieshivá Mir, convirtiéndose en parte del mundo haredi. Enseñó filosofía judía en una ieshivá para los nuevos religiosos, pero una importante diferencia ideológica de opinión llevó eso a su fin. Porque Cardozo enseñaba a sus alumnos las palabras de cualquiera de quien pudieran aprender. Esto no cuajaba con el liderazgo, por lo que se fue.

Cardozo comenzó su propia escuela para enseñar a rabinos y docentes cosas que nunca habían escuchado en la universidad o en la ieshivá. Un think tank que todavía sigue activo surgió de este esfuerzo. Ya no haredi, escribe prolíficamente – su oficina en su casa de Bayit Vegan es un estudio rebosante de libros, revistas, papeles, folletos y artículos – y da conferencias en todo el mundo.

Cuando se le pregunta qué lo motiva, dice: “La tradición judía y la halajá se han estancado y son incapaces de responder a la realidad actual, especialmente al estado judío, que ha creado una situación completamente nueva, para la cual la halajá no estaba preparada. “La halajá se puso muy a la defensiva, y durante los miles de años que estuvimos en el exilio, eso fue algo bueno. Alejaba al mundo no judío y protegía al judaísmo y al pueblo judío. Pero ya no funciona en el Estado de Israel. Necesitamos un tipo completamente diferente de halajá, uno profundamente arraigado en la tradición judía”. Un tipo diferente de halajá suena como una forma de pensar muy poco ortodoxa. No es así, dice Cardozo. “Tomemos el ejército, por ejemplo. ¡Nunca tuvimos un ejército judío en un estado soberano! Los códigos legales no abordan esto. Tuvimos que crear las halajot nosotros mismos a partir de las fuentes de la Torá y el Talmud. Eso es lo que hizo [el primer jefe del Rabinato Militar de las FDI], el Rabino [Shlomo] Goren, cuando escribió un código de leyes para el ejército. Debemos seguir por este camino. ¿Cómo hacemos que funcione un estado moderno judío y democrático, donde la mayoría no está comprometida con la halajá?

“Por ejemplo, en cuestiones de conversión, creo que debemos utilizar las normas más indulgentes de la ley judía, especialmente para las 400.000 personas de la antigua Unión Soviética. Deberíamos celebrar un tipo de conversión en masa para aquellos que quieran convertirse en judíos y estén preparados para respetar una cantidad mínima del ritual judío. Debemos alentarlos a mantener lo que pueden, y animarlos a aprender más. “Incluso sugeriría otra manera: crear comunidades judías no judías. Hay personas que sienten que, si se convierten en judíos, tendrán que respetar toda la Halajá, pero sienten que es demasiado para ellos. ¿Por qué no hacer una comunidad de estas personas, donde respeten lo que quieran y vivan como judíos sin ser completamente judíos? “ Cardozo reconoce que este enfoque es muy controvertido, pero su argumento es que los niños dentro de estas familias serían educados rodeados por el judaísmo y podrían entonces optar por convertirse en completamente judíos como adultos.

Es fácil ver que esta idea está inspirada en su propia experiencia de haber sido educado en un hogar culturalmente judío y tomar su propia decisión de convertirse al judaísmo. Cree que muchos elegirían también llegar a ser completamente judíos. “El judaísmo es irresistible”, dice.

Otras autoridades que buscan soluciones defienden la postura de convertir a menores de edad, para quienes el proceso halájico es menos complejo. Cardozo dice: “Estoy respetuosamente en desacuerdo. ¿Dónde aprenderán los menores su judaísmo, si los convertimos cuando sus padres no son judíos? Creo que debemos ser tan indulgentes como sea posible, y confiar en Hajam Ben-Zion Uziel, el ex rabino jefe de Israel, que dice que debemos tratar de convertir a cualquier persona de ascendencia judía que quiera ser judía. No es el enfoque ideal; pero por el bien de la unidad en Israel, debemos tomar ese camino”.

Y esto parece ser el quid de la cuestión en muchas áreas. La forma en que la halajá se practica actualmente está desconectada de la realidad en el terreno. Por ejemplo, las agunot (mujeres “encadenadas”). Tzvia Gordinsky ha estado esperando 17 años para que su marido, que está en la cárcel por negarle un get (divorcio), cambie de opinión. El rabinato declara haber hecho todo lo que puede.

¿Qué se debería hacer por las mujeres cuyos maridos les niegan un divorcio halájico?

“Hacemos lo que sugirió el rabino Emanuel Rackman, ex presidente de la Universidad Bar-Ilan y un estudioso del Talmud. Hay siempre maneras de deshacer un matrimonio judío retroactivamente, declarando el matrimonio inexistente. La halajá dice que un matrimonio judío es sólo un matrimonio judío mientras los rabinos estén de acuerdo con ese matrimonio. En el momento en que ya no están de acuerdo con él, tenemos la opción halájica de declarar que el matrimonio no es válido desde el principio”. Muchos se niegan a adoptar este enfoque. “Hay una declaración en el Talmud que dice que una mujer preferiría estar casada con una persona horrible que no estar casada. Rabí Rackman dice que ciertamente eso era verdad en esa época, cuando fue dicho. Entonces, las mujeres dependían de los hombres y no tenían estatus; el hecho de estar casada, incluso con un hombre horrible, le proporcionaba más protección y seguridad de lo que tendría estando sola. “Pero ahora, las mujeres ciertamente pueden estar por su cuenta y no temer el hambre o la falta de hogar. De hecho, hay muchos supuestos legales que los Sabios eliminaron, diciendo que ya no eran aplicables. (Un ejemplo es que una mujer no se atrevería a negar en la cara de su marido que estaba divorciada de él si no fuera cierto. Autoridades posteriores afirmaron que esto ya no es aceptado, ya que la realidad demuestra lo contrario.) “Para una mujer que ya no quiere estar con su marido, porque es abusivo o cruel, podemos usar el enfoque que si hubiera sabido cómo la trataría, ella nunca habría aceptado el matrimonio. Podemos anular retroactivamente su matrimonio, y ella no tendrá necesidad de un divorcio. El rabinato puede hacer esto en casos de emergencia. Pero no lo hace. En consecuencia, y por otras razones, tengo que estar de acuerdo en que el Rabinato Principal debe ser disuelto”.

¿Qué hacemos una vez que hayamos eliminado al Rabinato Principal?

“Eliminamos un rabinato centralizado y creamos rabinatos locales en varias ciudades. Necesitaremos crear un marco que funcione en un modelo local, que es mucho más preferible. Debemos tener un sistema en el cuan cuando un rabino oficia una conversión o un get, es automáticamente aceptado por todos”.

¿Cómo creamos esta realidad?

“La gente que quiere ver el cambio necesita impulsarlo, tanto mujeres como hombres. El cambio ocurrirá en el momento en que el daño sea tan malo que la gente se dé cuenta de que no podemos seguir así. Podemos hacer que el cambio ocurra. “Hay cosas en la Torá que no son ideas judías. Por ejemplo, los sacrificios de animales. La Torá los tomó del mundo no judío. Rambam [Maimónides] dice que Dios no quería eliminar estos rituales de un plumazo, ya que los humanos no pueden manejar cambios repentinos con relación a lo que están acostumbrados. La esclavitud es otro ejemplo. Se permitía porque la sociedad no podía todavía sobrevivir económicamente sin ella. La Torá la permitió, pero insistió en que los esclavos fueran tratados de una manera más digna y tuvieran derechos básicos. La idea era que lo superaríamos. Lo mismo con el estatus de las mujeres. Había ciertas cosas en la Torá que en esa época eran necesarias pero que ya no lo son hoy en día. “Los Sabios vieron esto claramente y dijeron que tenemos la obligación de reinterpretar la Torá de acuerdo con la realidad actual. Si la Torá fuera dada hoy, no sería el mismo texto que se le dio a Moshé Rabenu.

“Creo que hay una necesidad de hacer cambios en la halajá. Por ejemplo, la prohibición de que las mujeres puedan atestiguar ante un tribunal. Incluso si consideramos que esta prohibición (que las mujeres no pueden testificar en ciertos tipos de casos ante un tribunal) está enraizada en la Torá, y no todos los estudiosos están de acuerdo en esto, esta ley depende de una situación histórica que ya no se aplica. Nuestra realidad es muy diferente de lo que solía ser en los días de la Torá y mucho después. Asuntos así los vemos a menudo en la historia y el desarrollo de la halajá, y esto está completamente de acuerdo con el espíritu de la Torá”.

¿No se puede decir esto acerca de cualquier cosa? ¿No podemos entonces decir, por ejemplo, que las leyes de no comer carne y leche juntos ya no se aplican?

“No”, dice Cardozo, no deberíamos hacer eso, porque no es necesario. Estamos hablando de preocupaciones de bein adam l’havero [comportamiento entre gente], en contraposición a bein adam la’Makom [entre la gente y Dios]. Son dos circunstancias diferentes. No me gustaría cambiar las leyes de kashrut. Socavaría la estructura misma de la tradición judía y no hay necesidad, porque a nadie le hace daño tener que separar la carne y la leche, y tiene un significado tremendo. Es en los casos donde la gente es lastimada, como en el caso de una mujer “encadenada” al matrimonio, que un cambio tiene que ocurrir. “Hay muchos argumentos diferentes que se remontan al Talmud que los Sabios abolieron porque no podían ser aplicados, como la pena de muerte, que fue eliminada por Rabí Akiva, o una ciudad plena de adoración de ídolos, la cual, según la letra de la ley, debe ser aniquilada.

“Hay muchos casos donde la halajá muestra una tremenda flexibilidad motivada por la preocupación humana, y esa es la belleza de la halajá, que creo que muchos rabinos ya no entienden. Por ejemplo, se hicieron muchos esfuerzos para eliminar el estigma de mamzer (bastardo) de un niño nacido de una relación ilícita. Los argumentos a veces parecen exagerados, pero no lo son, una vez que uno empieza a entender el espíritu de la Torá. “Pero ahora, los muchachos de las ieshivot están aprendiendo “por aprender, no se dan cuenta de que deberían estar aprendiendo cómo resolver problemas, especialmente bein adam l’havero”.

¿Cuándo comenzamos a estancarnos? ¿Cuándo dejamos de usar la llave para abrir puertas, y empezamos a usarla para encerrarnos?

“Ocurrió la primera vez que Maimónides codificó la ley judía en su Mishné Torá. Es una tremenda obra de una increíble genialidad, pero al codificar la ley judía, hizo una tremenda cantidad de daño. La codificación es desastrosa. No se puede codificar la vida real. Lo mismo es cierto sobre el Shulján Aruj. No porque las personas que lo escribieron no tuvieran las mejores intenciones; escribieron el Shulján Aruj y Mishné Torá para crear uniformidad en el exilio. Pero ya no refleja lo que significa la halajá. Al escribir todo con minucioso detalle, no sólo elimina otras opciones, sino que elimina todo el proceso de pensamiento. “Creo que la generación más joven está empezando a ver que las cosas necesitan cambiar. Pero el Holocausto creó una condición traumática, especialmente para los judíos ortodoxos, es decir, ¿qué vamos a hacer con este Dios que nos abandonó y permitió que seis millones de personas fueran asesinadas? El resultado es que no sabemos qué hacer con Él. Así que, en lugar de ello, hablamos de halajá y somos muy exigentes con cada detalle. Es un escape de lo que se supone que debemos enfrentar, que es: ¿Cómo lidiar con Dios después que algo como el Holocausto sucedió y, a pesar de todo esto, tenemos que relacionarnos con Él? “La gente tiene más miedo de la halajá que temor a Dios. Abraham Joshua Heschel dijo una vez: “Tenemos demasiados libros de texto y muy pocas personas de texto”. La gente está viva, y la ley nunca puede tener preeminencia sobre la vida. Puede orientar, pero no es vivir.

“La halajá fue un organismo vivo, hasta que fue puesta en una caja. Perdimos el espíritu y nos quedamos con las letras. La halajá no es el problema; son las personas que la aplican. La halajá es una construcción muy saludable. Es sublime. No hay nada que se le asemeje.

“Ahora se nos dice qué creer y cómo creer, y eso es absolutamente no-judío”.

Traducción: Daniel Rosenthal