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5778: Paraíso o Negación

Gideon Levy, Haaretz, 17 de setiembre de 2017

El año judío que está terminando, 5777, ha sido un año maravilloso. El verano estuvo lleno de acontecimientos musicales: nunca antes hubo un verano como éste en el Parque Yarkon de Tel Aviv. Todos actuaron allí, a pesar del boicot, la desinversión y el movimiento de sanciones y Roger Waters. Dicen que la gente lo pasó muy bien. El invierno también trajo muchos placeres, al igual que la primavera y el otoño. Nunca antes se habían vendido tantos automóviles nuevos (excepto el año anterior). Los Jeeps están en el primer y tercer lugar de la lista de ventas. El Aeropuerto Ben Gurion registró otro récord en el número de pasajeros, tanto en salidas como en llegadas. Casi todo está agotado: intente conseguir una reserva en un restaurante. Trate de enganchar un vuelo a Nueva York. Trate de conseguir un equipo de jogging en la nueva tienda de ropa deportiva Decathlon cerca de Tel Aviv. Trate de conseguir un lugar para estacionar. Trate de abrirse paso entre la muchedumbre en el puerto de Tel Aviv justo antes del atardecer a fines del verano. La cocaína en los clubes nocturnos se está vendiendo como el agua, al igual que el alcohol. Los centros de entretenimiento están repletos, al igual que los lugares naturales. Hay centros comerciales en cada esquina. Hay estacionamientos en cada esquina, pero sin un solo lugar libre. El concepto de hora pico es una cosa del pasado: ahora hay constantes atascos en el tránsito. Y desde hace mucho tiempo, todos los trabajadores tienen un automóvil.

Europa está explotando con ataques terroristas, mientras que aquí hay algunas personas con cuchillos del otro lado de las oscuras colinas en los territorios. Es más seguro en las calles de nuestra ciudad durante la noche que en casi cualquier capital occidental. Europa tiene millones de refugiados, mientras que en Israel hay apenas 40.000 solicitantes de asilo y sólo uno logró pasar por las vallas durante el pasado año. Fue un año sin guerra, incluso durante el verano. Puede haber habido derrotas futbolísticas, pero hubo una medalla histórica en gimnasia rítmica. El desempleo bajó y la expectativa de vida subió. Hay grúas de construcción en Tel Aviv de la misma forma que en Shanghai. No hay calle sin un proyecto de construcción. Surgen edificios altos, junto con rotondas, túneles, excavación, pavimentación, expansión, conservación y renovación. Todo el país está lleno del polvo de construcción.

La charla de café siempre tiene que ver con lo mismo: dinero. Intente escuchar. Tiene que ver con el dinero en todas sus formas, cuánto cuesta esto y aquello. Los precios están por las nubes, pero las protestas han caído. Porque así son las cosas en el paraíso, cuando todo se ve de color rosado.

Algunos sufren y algunos son oprimidos, pero sus voces no son escuchadas. La gente está exultante; por favor no la moleste. Las manifestaciones son malas. Molestan a los vecinos y causan atascos en el tránsito. Investigaciones policiales, corrupción, casos criminales, también son cosas malas, pero no lo suficiente como para alterar a la gente. Un nuevo restaurante gourmet asiático acaba de abrir y dicen que es fantástico.

Desde afuera, parece increíble. Desde adentro, parece igualmente increíble. Un año tan malo disfrazado de un año tan bueno. La putrefacción se ha extendido a una velocidad espantosa, extendiéndose a todos los campos, mientras que la exaltación ha aumentado al mismo ritmo. La democracia está siendo dañada diariamente, incluso para los judíos israelíes. Ha habido decretos más y más locos, pero los israelíes dicen que todo está bien. En el Día Internacional de la Felicidad de este año, Israel ocupó el puesto 11, entre Suecia y Costa Rica. ¿Y los Estados Unidos? Israel está tres lugares más arriba. ¿Qué más podemos pedir?

Sería tan bueno, si no fuera tan malo. No existe otra sociedad viviendo en una negación tan profunda. Israel nunca se ha mentido a sí mismo como lo está haciendo ahora. Cada paquete de viajes y cada Mini Jeep sólo ha intensificado la represión y la ceguera. Es una danza de autoengaño, una orgía nacional de distracción. Los que sufren no cuentan. Se esconde la angustia, se tapa la podredumbre. Y los medios participan con entusiasmo. Poca gente tiene idea de lo que está pasando aquí por la noche en los clubes nocturnos. Pregúntele a cualquier taxista y él se lo dirá. Pocos saben también acerca de la horrible ignorancia imperante entre los jóvenes y lo que esto anuncia para el futuro. Pocos se preocupan por esto. Pocos saben cómo es la ocupación, y aún menos quieren saberlo. Pocos saben hacia dónde nos dirigimos, y pocos quieren saberlo. En este estado de cosas, ningún cambio positivo ocurrirá. ¿Por qué debería?

Todas las señales indican que seremos bendecidos en 5778, tal como lo hemos sido en el último año. No más profecías de destinos funestos. No más siembra de desaliento. Los israelíes están exultantes, y los israelíes saben por qué.

Traducción: Daniel Rosenthal