harari speech

Harari y la fuente hebrea

Ianai Silberstein

“Sapiens. A Brief History of Mankind” o “De Animales a Dioses” en su traducción al español es el best-seller original de Yuval Noah Harari, cuyo segundo gran éxito, “Homo Deus”, puede encontrarse en las librerías montevideanas, mientras que “Sapiens” ha vuelto a agotarse. Hace un año escribimos especialmente para Semanario Hebreo estos apuntes en relación a “Sapiens”, Harari, y su vinculación con la biblia hebrea. A la luz del éxito editorial actual, vale la pena recuperar y compartir aquellas reflexiones.

Yuval Noah Harari pasó por Uruguay y su paso fue el secreto mejor guardado de la temporada. Su presencia en “Punta Tech Meet Up 2016” y alguna posterior entrevista en consecuencia del evento fue toda la estela que su paso por estas costas dejó. En el evento Harari eligió hablar de su próximo libro (si, era “Homo Deus”, todo una primicia); de lo que surge de su exposición, se trata de un libro acerca del futuro de la humanidad en función de las lecciones históricas aprendidas hasta ahora. En ese sentido, Harari se suma a la tradición de Asimov, Bradbury, Kubrick, o el propio George Lucas: especulaciones acerca del futuro en función de lo que sabemos en el presente acerca del pasado. Como marketing, no podía ser más efectivo. Estoy seguro que buena parte del millar de personas que lo escucharon leerán su libro “Sapiens” en busca de revelaciones acerca de hacia dónde va la humanidad. Por cierto que no falta tal especulación. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante para quienes vivimos más en el mundo del lenguaje (en el sentido estricto del término) que en el de la alta tecnología (los otros “lenguajes”) es la lectura que hace Harari del origen y desarrollo de la especie; lo que él denomina Historia.

Si uno se ha educado en la tradición judeo-cristiana, y más específicamente en la judía (asumimos que Harari es parte de esa tradición, y en primera línea por cierto), y más aún si uno ha leído más o menos en profundidad la Biblia hebrea, no puede no reconocer en Harari la influencia de la misma. Es notorio a lo largo del libro que Harari ha omitido toda referencia a la religión y cultura judías, de la cual el autor es parte; presumiblemente, como él mismo nos dijera en un breve diálogo improvisado, porque no es relevante a su tesis. En otras palabras: los judíos no somos el centro de la Historia sino más bien una parte muy insignificante y marginal de la misma. Marginal tal vez, insignificante, da para dudar. Pero aún sin una mención específica, la mirada de Harari sobre la Historia es una mirada judía.

En primer lugar, su orden es bíblico: hay un principio de todas las cosas, hay un estado de la materia, y hay una progresión evolutiva que él incluye sucesiva y progresivamente en tres disciplinas: la Física, la Biología, y la Historia. Él se ocupa de ésta última, no sin aportes de las dos anteriores. En otras palabras: la apertura de “Sapiens” es Génesis puro y duro.

En segundo lugar, las tres revoluciones que definen el desarrollo del Sapiens son una clara progresión geométrica en el tiempo a la vez que una extensión en el espacio. Sin mencionarlos, Harari incluye en su texto las tensiones entre el Sapiens cazador y el Sapiens domesticador, el pasaje de un estado ideal y espontáneo a uno de esfuerzo y subyugación (salida del paraíso), la lucha entre semejantes (Caín y Abel y todas las historias fratricidas del Génesis), los mitos del Diluvio, y el fenómeno de Babel. La revolución cognitiva se resume en el mito de la salida del paraíso por haber comido el fruto del árbol del bien y el mal (saber, diferenciar, pensar); la revolución agropecuaria ocupa la mayor parte de la historia bíblica desde los patriarcas en adelante, su búsqueda de pasturas, sus rebaños, y el posterior asentamiento en la tierra como nación; la revolución tecnológica, que según Harari data de tan solo quinientos años, está apenas insinuada en el uso de herramientas y tecnología militar de aquellos tiempos.

Me atrevo a proponer que la Biblia en su totalidad es un intento muy temprano, generado por el hombre mismo, de poner un límite a su omnipotencia. En el proceso “de animales a dioses” que describe Harari, la tradición bíblica es, a mí criterio, una limitante autoimpuesta por ese Sapiens cognitivo. En esa dirección, la tradición rabínica es un ejercicio más sutil en equilibrar el genio creativo humano con su intrínseca capacidad de destrucción, propia y del entorno; tema sobre el cual Harari se explaya.

Si debo citar el aporte más contundente, simple, y significativo de Harari me quedo con una de sus primeras propuestas: que el Sapiens es la única criatura que se comunica para hablar de “aquello que no existe”. Así, el Hombre construye mitos, religiones, sistemas de valores, que le permiten colaborar en grandes masas y prevalecer sobre el resto de las especies. Llevado más lejos, la confrontación de realidades que “no existen” es probablemente la madre de todos los grandes conflictos de la humanidad.

La propia narrativa judía puede entenderse, sin quitarle su valor esencial y fundacional, como una gran narrativa nacional, simultáneamente tan frágil y tan “real” como la sobrevaluada mitología griega o el Cristianismo o el Islam. A criterio de Harari, nada en esas construcciones culturales es “real” o pasible de ser probado; sin embargo, su fuerza es tal que determinan la realidad y la transforman. En ese sentido, Harari insiste mucho sobre la enorme brecha entre la evolución biológica y la cognitiva del Sapiens: nuestra mente es mucho más veloz que nuestro cuerpo.

Leer “Sapiens” es una experiencia fascinante. Su lenguaje es llano, simple, pero sus propuestas son científicas y audaces. Desde “El Mono Desnudo” de Desmond Morris no leía algo tan revolucionario respecto de nosotros mismos como especie. Harari va varios pasos más lejos que Morris cuando deja de lado la etología para darle un vistazo histórico a la especie. Aun así, leer Harari invita a volver a Morris. Sobre todo, Harari nos ofrece un marco teórico, una gran y exhaustiva tesis acerca de nuestra naturaleza y esencia que nos permite mirar de otra manera los diferentes procesos, conflictos, y desafíos que enfrentamos en la medida que avanza el tiempo y nuestro propio desarrollo.

Está en cada uno la manipulación de éste marco teórico frente a los dilemas o asuntos que elige profundizar. El propio Harari no escapa a la tentación de explicar el mundo en función de su propia teoría pero permeada por lo que, adivinamos, es su ideología de vida. Parafraseándolo, él cuenta su propia historia y también sucumbe a la tentación de hablar de “aquello que no existe”.