1,2, 3

Cuestión de números

Donniel Hartman, The Times of Israel, 16 de febrero de 2017

Gran parte del discurso en torno al conflicto palestino-israelí tiene que ver con números. Un estado, dos estados, y diversos cálculos sobre el número exacto de judíos y árabes que viven entre el mar Mediterráneo y el río Jordán. En su conferencia de prensa conjunta, el primer ministro Netanyahu declaró que los números son meras etiquetas. El presidente Trump postuló que los números (posiblemente al igual que los hechos), a él no le importan.

Después de despreciar a los números como meras etiquetas, Netanyahu pasó a decir que no todos los números deben ser etiquetados como etiquetas. Uno o dos (como en el caso de estados), son etiquetas. Sin embargo, el número dos – como en las condiciones de Israel para las negociaciones – no es una etiqueta, sino más bien una enumeración de significancia esencial. Los dos requisitos son la aceptación por parte del liderazgo y de la sociedad palestinos de la legitimidad del estado judío, y el mantenimiento del control militar entre el Mar Mediterráneo y el Río Jordán por parte de Israel. El número dos, por lo tanto, es de suma importancia, en su calidad de condiciones necesarias y suficientes para el discurso palestino-israelí. La ausencia de cualquiera de ellas dejaría a Israel expuesto a un ataque y potencial peligro permanentes.

Desde el punto de vista lógico, Netanyahu está en lo correcto. Si los únicos números que importan son las dos condiciones de Israel, un estado o dos estados es algo intrascendente. Podemos tener el control militar ya sea con una solución de uno o de dos estados, y el reconocimiento palestino de la legitimidad del estado judío es igualmente necesario en ambas opciones. De hecho, en la opción de un único estado, este reconocimiento es aún más crítico, porque ¿cómo podrían ser asimilados en una forma u otra como ciudadanos completos o parciales dentro del estado judío?

Si todo lo que está guiando la visión política de Israel es el cumplimiento de estas dos condiciones, entonces la cuestión de uno o dos estados es, de hecho, una etiqueta sin significancia. Existen, sin embargo, otros números que están lejos de ser etiquetas. Estos son los números de judíos y árabes que representan a las personas reales que residen entre el Mar y el Río.

Cuando los números son etiquetas y/o no tienen importancia, tenemos la libertad de plantear cualquier número que se adapte a nuestra ideología política o alimente nuestros temores. Pero debido a que los números realmente importan, es de suma importancia para el Israel oficial que se haga un recuento con cuidado y se presenten números que trasciendan nuestras divisiones políticas. Estoy seguro de que en la Nación Start-Up, podremos encontrar a alguien capaz de proporcionarnos a todos nosotros una contabilidad exacta.

Hay, sin embargo, otro número, que al igual que los dos de Netanyahu, no es una etiqueta. En realidad, es el número más completo de las condiciones de Israel para las negociaciones y un acuerdo con los palestinos. Es el número tres. Uno y dos son como lo estipula Netanyahu. No hay casi nadie dentro del campo sionista israelí que no esté comprometido con ambos. La realidad de vivir en el Medio Oriente hace que sean algo obvio. Pero qué exactamente significan, sin embargo, y cómo se implementará cada uno de ellos, no es ni obvio ni sencillo.

El problema con los cálculos de Netanyahu es que parece que sólo sabe contar hasta dos. Yo creo que existe un tres: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a los demás. Esa es toda la Torá, y el resto no es más que comentario”. Un estado judío no es simplemente un reflejo de números, sino de los valores judíos que representamos y defendemos. Si ésta es realmente “toda la Torá,” estamos obligados a incluirla como una de nuestras condiciones, ya que, sin ella, el carácter judío de Israel está en peligro.

Las implicaciones prácticas del número tres, al igual que las de los números uno y dos, no son obvias ni claras. Pero creo que implican lo siguiente: Si los palestinos deben aceptar la legitimidad del estado judío, parece obvio que Israel debe responder de la misma manera. Esto no es una concesión a los palestinos, sino un compromiso con la enseñanza central de nuestra tradición.

La segunda implicación es que debemos incluir a Gaza en nuestras negociaciones. Mientras que muchos habitantes de Gaza están lejos de ser nuestras personas favoritas, también fueron creados a imagen y semejanza de Dios, y hay que darles la oportunidad de aprovechar los beneficios de un acuerdo entre israelíes y palestinos. Como judíos, se nos enseña a amar al extranjero como a nosotros mismos, ya que extranjeros fuimos en la tierra de Egipto, lo que significa no sólo tratar a los demás como nos gustaría ser tratados nosotros mismos, sino aprender de nuestro pasado dolor y degradación, y comprometernos a erradicarlos dondequiera que podamos. ¿A quién le importa Gaza? A nosotros es a quien debería importarnos.

Así que, volvamos a las Nuevas Matemáticas en el Medio Oriente. ¿Uno o dos? ¿Realmente importa? Eso depende de cuál sea tu número tres.

Traduccion: Daniel Rosenthal