piramides

Faraones

Este viernes 20 de enero de 2017 es vispera de shabat “Shmot”. Me consta que no ha sido nombrado de esa manera por nuestros sabios de bendita memoria, pero quise darle un nombre, y qué mejor nombre que el de la porción de la Torá que toca leer esta semana. Este es el shabat de los “nombres” a la vez que es el shabat de los anónimos. Este es el shabat de los Obama y de los Trump, y de millones de estadounidenses que, anónimamente, cambiaron el curso de una historia que todos suponíamos diferente.

Algo así sucede en “Shmot”: los hijos de Israel que vinieron a Egipto a asentarse son once, porque Iosef, el duodécimo, ya estaba allí; era el “establishment”. El texto se ocupa de nombrarlos uno a uno porque de inmediato el texto nos dice que se multiplicaron y crecieron en gran forma: dejaron de ser nombres de personas para convertirse en pueblo. “Shmot” supone el cambio de categoría de familia a pueblo. Ya no hablaremos de pequeñas unidades familiares y sus conflictos sino de grandes masas y su destino. Los problemas no serán domésticos sino nacionales.

El giro de la historia, sin embargo, no tiene que ver con nuestros ancestros sino con las viscisitudes nacionales de los egipcios: asumió un farón que no conoció a Iosef, dice en Éxodo 1:8. De un plumazo el texto cambia nuestra idílica historia pastoral en las ricas tierras de Gosen a una historia de esclavitud en las áridas orillas del Nilo. ¿Acaso el éxodo sobre el cual gira toda la Torá hubiera existido sin la esclavitud en Egipto? La promesa de la tierra hecha a los patriarcas, ¿hubiera tenido eco en un pueblo cuya vida transcurre en paz y abundancia? Difícil saberlo. El hecho es que nuestro texto sagrado y fundacional nos recuerda muy frecuentemente que “fuimos esclavos en la tierra de Egipto”; no sólo nos lo recuerda, sino que es fundamento de nuestras leyes.

La preguntas respecto a Donald Trump presidente de los EEUU de Américas son varias: si será un farón; si será un faraón que “no conoció” a Obama; si “esclavizará” minorías. Ser presidente de los EEUU no supone una autoridad faraónica, pero hablamos más de actitud que de realidad. También podría ser que Trump se convierta en el farón que habilitó a Iosef y permitió a sus hermanos asentarse en tierras fértiles, crecer y multiplicarse en un entorno pacífico y tolerante. De hecho, los EEUU han sido un poco el Egipto de Iosef y la España musulmana, donde los judíos se han desarrollado y prosperado en forma libre y contribuyendo a la sociedad general.

Por eso este viernes, este shabat “Shmot” es bueno recordar quienes somos y de dónde venimos, porque aquí comienza la historia de nuestro destino como pueblo; de hecho, siempre estamos en el camino hacia un nuevo destino. Al mismo tiempo, tengamos presente los faraones que eligen no conocernos: está lleno de ellos en los pasillos de la ONU y en las redacciones de los medios, en las calles de Europa y en los desiertos de Oriente Medio. Por cada farón que reconoce las virtudes de Iosef, surgen cientos de faraones que no lo conocieron.

Leer nuestra historia a la luz de las nuevas realidades no es un mero ejercicio intelectual; es mantenerla vigente y poder comprender nuestra profunda y compleja naturaleza como pueblo.

Ianai Silberstein