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Los Estados Unidos: los dilemas de una nación.

Paul Johnson, de “Estados Unidos: La Historia”

La creación de los Estados Unidos de América es la mayor de todas las aventuras humanas. Ninguna otra historia nacional contiene lecciones tan valiosas, tanto para el propio pueblo estadounidense como para el resto de la humanidad. Ya cumple cuatro siglos y, al entrar en el nuevo milenio, es necesario volver a contarla, porque si podemos aprender estas lecciones y tomarlas en cuenta, la humanidad se beneficiará en la nueva era que se está iniciando.

La historia de los Estados Unidos plantea tres preguntas fundamentales. En primer lugar, ¿puede una nación superar las injusticias de sus orígenes y, en virtud de sus objetivos morales y su desempeño, expiarlas? Todas las naciones surgen a partir de guerras, conquistas y delincuencia, generalmente ocultas en la oscuridad de un pasado lejano. Los Estados Unidos, desde sus primeros tiempos como colonia, se ganaron su título a través de los hechos registrados por la historia, y lo vergonzoso de sus excesos está allí, a la vista, para que todo el mundo lo pueda ver y censurar: el despojo de una población indígena y la obtención de la autosuficiencia a través del sudor y el dolor de una raza esclavizada. En la balanza del juicio de la historia, estas graves injusticias deben ser equilibradas mediante la construcción de una sociedad dedicada a la justicia y la equidad. ¿Han logrado esto los Estados Unidos? ¿Han expiado sus pecados orgánicos?

La segunda pregunta ofrece la clave para la primera. En el proceso de construcción de la nación, ¿pueden combinarse con éxito los ideales y el altruismo – o sea, el deseo de construir la comunidad perfecta – con la acumulación de bienes y la ambición, sin las cuales es absolutamente imposible construir ninguna sociedad dinámica? ¿Cuentan los estadounidenses con la proporción correcta de esta mezcla? ¿Han forjado una nación donde la justicia tiene prioridad sobre el egoísmo necesario?

En tercer lugar, los estadounidenses originalmente tenían el objetivo de construir otra – mundana – ‘Ciudad Asentada sobre una Colina’, pero se encontraron diseñando una república de la gente que sería un modelo para todo el planeta. ¿Han llevado a la práctica sus audaces afirmaciones? ¿Han realmente probado que son un ejemplo para la humanidad? ¿Y seguirán siéndolo en el nuevo milenio?

No debemos olvidar jamás que la colonización de lo que ahora son los Estados Unidos fue sólo una parte de un emprendimiento mayor. Y éste fue obra de los mejores y más brillantes de todo el continente europeo. Eran codiciosos. Como lo dijo Cristóbal Colón: los hombres cruzaban el Atlántico principalmente en busca de oro. Pero también eran idealistas. Estos jóvenes aventureros pensaron que podrían transformar el mundo para mejor. Europa era demasiado pequeña para ellos, para sus energías, sus ambiciones y sus visiones. En los siglos XI, XII y XIII habían ido hacia el este, buscando volver a cristianizar la Tierra Santa y sus alrededores, y también para adquirir tierras allí. La mezcla de celo religioso, de ambición personal – por no decir codicia – y el ansia de aventuras que inspiró a generaciones de Cruzados fueron el ejemplo para el emprendimiento de las Américas.

Traducción: Daniel Rosenthal