judaismo reformista

Reformismo y Asimilación

Israel Harel, Haaretz 19 de agosto de 2016

El principal titular en el periódico Makor Rishon fue una cita del Gran Gabino David Lau: “El reformismo y los judíos conservadores son responsables por la asimilación de los judíos estadounidenses”. Esta acusación fue publicada un día antes del ayuno de Tishá Be Av, un día en que el establecimiento rabínico insta al público a abstenerse de avivar el odio injustificado. Al formular su acusación en presente, el rabino jefe ignoró los grandes cambios que el movimiento reformista ha sufrido a lo largo de las dos últimas generaciones. Es cierto que, en el pasado, el movimiento apoyaba la asimilación. Su “éxito” fue catastrófico y cientos de miles abandonaron el pueblo judío debido a sus exhortaciones. La guerra total librada en su contra por la comunidad judía ortodoxa estaba por lo tanto justificada y era esencial.

Hoy en día, sin embargo, después de que el movimiento reformista ha revertido por completo su postura, boicotearlo, a pesar de todos sus pecados, es un error histórico. Los grandes rabinos de la familia Lau buscan la cercanía del Papa, se encuentran con los alemanes, pero condenan al ostracismo a los judíos reformistas.

La creciente asimilación, que amenaza la existencia del pueblo judío en los Estados Unidos, ha dado lugar a una reflexión dentro del establishment reformista. Actualmente entiende que fue, como bien señala el Rabino Lau, en gran parte responsable por la alarmante reducción de las comunidades judías. En la década de 1960 había seis millones de judíos en los EE.UU. Hoy en día, 60 años después, sólo hay cinco millones. Cuando el movimiento reformista se dio cuenta de su error histórico, estableció una red de escuelas diurnas para estudios judíos y se acercó a Israel, incluso declarándose a sí mismo como un movimiento sionista. Fue una sacudida ideológica imposible de exagerar. La mayor parte de sus esfuerzos actuales, aunque no muy exitosos, se centran en la prevención de la asimilación, exactamente lo contrario de lo que le atribuye – y sólo Dios sabe por qué – el Gran Rabino de Israel.

Lo mismo puede decirse del movimiento conservador. Muchas comunidades conservadoras llevan a cabo su vida religiosa de manera muy similar a las ortodoxas (que, a su vez, también se están diversificando.) El Rabino Lau, quien afirma que viaja mucho alrededor del mundo, debería saber todo esto. Creo que lo sabe.

En su infame discurso sobre “pervertidos”, el rabino Yigal Levinstein, director de la academia pre-militar en Eli, tildó de “cristianos” a los judíos reformistas. Vivo en medio de mi pueblo y estoy seguro de que muchos en el campo religioso sionista rechazan sus afirmaciones acerca de los homosexuales y los reformistas judíos.

Una de las principales figuras en la campaña para abrir el mundo religioso fue Bambi Sheleg, que falleció esta semana. Sheleg, que fue una publicista y editora innovadora, exigía la aceptación del movimiento reformista como una corriente legítima del judaísmo. En un artículo que escribió hace cuatro años en Yedioth Ahronoth dijo: “[A fin de evitar una mayor asimilación] hay una necesidad de un diálogo nacional que discuta abiertamente las creencias y opiniones, sin miedo u odio. Incluso aquellos que no estén de acuerdo con los judíos reformistas deben reconocer el hecho de que éstos son los judíos que tenemos. “Ellos son nuestra familia y también son los herederos del pasado judío, sosteniendo sus posibilidades para el futuro. Boicotearlos en Israel, humillando a sus rabinos y avergonzándolos en el Kotel es un crimen nacional, pero no deja de ser un testimonio de una mala interpretación de nuestra realidad nacional y sus implicaciones”.

En una entrevista en el sitio web de NRG, describió al judaísmo reformista como el “movimiento religioso más grande del mundo, a menudo una última barrera contra la asimilación”. A pesar de que estas palabras fueron pronunciadas por una mujer, es competencia del Gran Rabino – especialmente del Gran Rabino – internalizar estas verdaderas percepciones judías y humanas.

Traducción: Daniel Rosenthal